Hola,
un saludo. En esta semana en la liturgia de la Palabra, Tú y yo,
hemos estado escuchando al profeta Amós. Él fue un profeta del reino del norte
y, tú y yo, sabemos que era una región rodeada de paganos y que
él rey que los gobernaba, seguramente, solo se preocupaba por su propio bienestar.
El entorno era bien difícil: una región con
costumbres relajadas, sin una religión en donde los derechos del otro se
contemplaran y fueran por lo menos una norma. Pero el pueblo de Israel, que
allí habitaba, había recibido en la ley mosaica normas para el respeto al otro,
como también normas higiénicas para conservar la salud y otras normas de
convivencia para hacer la vida más agradable.
Tú y yo, hemos podido apreciar que en un medio así para
nada se tiene en cuenta al otro; el otro es el que va más allá de nuestra
propia familia, y está conformado por: el pobre, el humilde, el jornalero, el
artesano o sea todos los que dependen de otro para su sustento diario; y por
todos los olvidados y desprotegidos que sufren diariamente el peso de muchas
calamidades. La estafa, el engaño y la corrupción los agobian y no hay
autoridad que los defienda.
Por
eso mismo, tú y yo, vemos que la Palabra de Dios es tan actual. La
predicación sobre la misericordia va encaminada hacia el otro; podemos tomar
dos alternativas: a) La escuchamos y tratamos de seguirla. b). Nos cambiamos a un ‘cristianismo´ que nos
hable de prosperidad personal.
Pero
el profeta Amós va más allá: habla de calamidades personales, de destierro de
todo un pueblo. Tú y yo, hemos visto en el recorrido de la vida, cómo sufren
las personas que son desplazadas, cómo se destruye la familia, cómo les
gustaría regresar pero fuerzas mayores se lo impiden. También hemos visto, que
se presentan casos contrarios: son los que voluntariamente salen de su lugar de origen, de su país, y se van a otros sitios que les ofrecen
mejores oportunidades de vida. Un crac económico y son los primeros señalados,
repudiados, amenazados. Aquí podemos apreciar cómo es de actual la palabra del
profeta Amós. Esas situaciones son algo que se presenta en el devenir de la
vida. Y la misma palabra nos hace un llamado a la misericordia y a la justicia.
Y tú y yo queremos aprender a ser justos: sobre todo con esas
personas con las que compartimos el diario vivir: la empleada que nos ayuda con
los quehaceres del hogar; los chicos del
supermercado; los porteros del edificio; los otros empleados de la empresa; los
compañeros de trabajo; y hasta con los vecinos que desconocen las normas de
convivencia. Y si de nosotros dependen una o varias personas, tú y yo, podríamos
mirar cómo hacer que su remuneración sea justa, que tengan oportunidades de una
vida más digna, ya que a eso nos invita la Palabra. Y la Iglesia que es madre y
maestra, nos da la fórmula precisa: invocar al Espíritu Santo para que derrame
sobre nosotros su Espíritu de misericordia, justicia, amabilidad. Que ese mismo
Espíritu nos enseñe a ser diferentes en la fe, diferentes en el amor. Y tú y yo, podríamos
pensar un poquito que es eso de “misericordia quiero y no sacrificios”.
http://reflexionesdeunalegionaria.blogspot.com.co/2016/07/meditaciones.html
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