viernes, 1 de julio de 2016

EL DEVENIR DE LA VIDA


Hola, un saludo. En esta semana en la liturgia de la Palabra, Tú y yo, hemos estado escuchando al profeta Amós. Él fue un profeta del reino del norte y, tú y yo, sabemos que era una región rodeada de paganos y que él rey que los gobernaba, seguramente, solo se preocupaba por su propio bienestar. El entorno era bien difícil: una región con  costumbres relajadas, sin una religión en donde los derechos del otro se contemplaran y fueran por lo menos una norma. Pero el pueblo de Israel, que allí habitaba, había recibido en la ley mosaica normas para el respeto al otro, como también normas higiénicas para conservar la salud y otras normas de convivencia para hacer la vida más agradable.

Tú y yo, hemos podido apreciar que en un medio así para nada se tiene en cuenta al otro; el otro es el que va más allá de nuestra propia familia, y está conformado por: el pobre, el humilde, el jornalero, el artesano o sea todos los que dependen de otro para su sustento diario; y por todos los olvidados y desprotegidos que sufren diariamente el peso de muchas calamidades. La estafa, el engaño y la corrupción los agobian y no hay autoridad que los defienda.

Por eso mismo, tú y yo, vemos que la Palabra de Dios es tan actual. La predicación sobre la misericordia va encaminada hacia el otro; podemos tomar dos alternativas: a) La escuchamos y tratamos de seguirla.  b). Nos cambiamos a un ‘cristianismo´ que nos hable de prosperidad personal.

Pero el profeta Amós va más allá: habla de calamidades personales, de destierro de todo un pueblo. Tú y yo, hemos visto en el recorrido de la vida, cómo sufren las personas que son desplazadas, cómo se destruye la familia, cómo les gustaría regresar pero fuerzas mayores se lo impiden. También hemos visto, que se presentan casos contrarios: son los que voluntariamente salen  de su lugar de origen, de su país,  y se van a otros sitios que les ofrecen mejores oportunidades de vida. Un crac económico y son los primeros señalados, repudiados, amenazados. Aquí podemos apreciar cómo es de actual la palabra del profeta Amós. Esas situaciones son algo que se presenta en el devenir de la vida. Y la misma palabra nos hace un llamado a la misericordia y a la justicia. Y tú y yo queremos aprender a ser justos: sobre todo con esas personas con las que compartimos el diario vivir: la empleada que nos ayuda con los quehaceres del hogar;  los chicos del supermercado; los porteros del edificio; los otros empleados de la empresa; los compañeros de trabajo; y hasta con los vecinos que desconocen las normas de convivencia. Y si de nosotros dependen una o varias personas, tú y yo, podríamos mirar cómo hacer que su remuneración sea justa, que tengan oportunidades de una vida más digna, ya que a eso nos invita la Palabra. Y la Iglesia que es madre y maestra, nos da la fórmula precisa: invocar al Espíritu Santo para que derrame sobre nosotros su Espíritu de misericordia, justicia, amabilidad. Que ese mismo Espíritu nos enseñe a ser diferentes en la fe, diferentes en el amor. Y tú y yo, podríamos pensar un poquito que es eso de “misericordia quiero y no sacrificios”.

http://reflexionesdeunalegionaria.blogspot.com.co/2016/07/meditaciones.html

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