En
los tiempos mágicos cuando los niños invocaban la protección de los ángeles,
iba Félix, un niño menor de doce años, sobre una cabalgadura cruzando montañas
azarosas, llenas de peligros, de regreso su pueblo natal.
Iba
atento ya que llevaba: bolsa de dinero en el pantalón; “un treinta y ocho largo”
escondido en la camisa; y encima de sus hombros un ‘ponchito arriero´. Cuando,
de pronto, divisa que venían cabalgando hacia él unos hombres con “pinta” de
salteadores de caminos.
Ante
semejante peligro mira lo que hizo este niño:
·
Se
encomendó a su ángel guardián.
·
Comenzó a ‘berrear’
y suspirar profundo, poniendo cara de ‘acontecido’.
·
No mostró
miedo: no apuró su ‘bestia’ ni trató de torcer el camino.
Los
salteadores de caminos, que efectivamente lo eran, al estar cerca le
preguntaron: ¿”Mijito, porque vas llorando? El niño contestó: “Tengo mucha,
mucha hambre y estoy muy lejos de mi casa”.
Los
salteadores se compadecieron y le dieron para que mitigara el hambre queso y
panela. Y el niño paró de llorar, luego guardó el queso y la panela junto al “fiambre”
que llevaba y continuó su camino hasta su pueblo. Fin.
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