jueves, 14 de julio de 2016

LA PROMESA


En los tiempos mágicos en donde los ruegos eran oídos, se encontraba un hombre  en una situación de penuria tan grande, que lo único que le faltaba era tener que comer hierba para sustentarse.
Pensando y meditando en su situación se dijo, pero si el viejo Antonio Paredes se encontró en este pueblo una “guaca”, yo también puedo hallar una. Solo necesito una “ayudita” y le ofreció a las ‘benditas almas’ la tercera parte del “entierro”; otra sería para los pobres; y la otra tercera parte para él.
Efectivamente, la ayuda llegó y un atardecer que observaba un campo abandonado, vio que un zarzal se iluminaba cómo si de la tierra emanaran luces. Y, al otro día madrugó al campo llevando pico  pala y regatón, y comenzó a escavar hasta dar con una caja de madera que al primer golpe se desbarató y mostro sus entrañas repletas de morrocotas de oro.
Dicho y hecho, hizo tres montoncitos y así fue su repartición:
·       Primera parte para mí y la echó en su ‘maletita’;
·       Segunda parte para los pobres y la depositó en la misma ‘maletita’, ya que él  era pobre;
·       Tercera parte para las ánimas y fue a dar a la dicha ‘maletita’, porque él, también, sería ánima. Fin


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