En
los tiempos de andar a pie, iba un comerciante hacia la población de Salamina,
y en la mitad del camino divisó un hombre, que de lejos le pareció conocido, pero no
acertó en a dar quien era. Ya ‘de cerca’, pudo apreciar que por su ‘pinta’ y el
desgaste de sus ‘alpargatas’ era un viajero de esos que recorrían todos los caminos.
El
hombre fue el primero en hablar y saludándolo muy cortésmente le preguntó:
-
“Dígame,
buen hombre ¿a dónde va?”
El
comerciante, sin mosquearse a ser cortés,
le contestó:
-
“A Salamina”.
El
viajero sigue con su pregunta:
-
“¿Si Dios quiere?”
Y
el comerciante sin parpadear responde:
-
“Y si no, también”.
El
viajero que era el Señor en persona, lo convierte en un sapo y lo tira a una
cisterna del camino, para que reflexione y aprenda a discernir. Al cabo de “sin
cuenta años”, lo saca, lo pone en el
camino a Salamina y más adelante se encuentra con el comerciante y le vuelve a
hacer las mismas preguntas. Y mira lo que respondió:
·
1. “A
Salamina”.
·
2. “O sino
a la cisterna”.
El
Señor lo convirtió de nuevo en sapo, lo tiró a la cisterna y cada “sin cuenta
años” lo saca le hace las preguntas y el ‘terco’ comerciante insiste en la 2
(dos). Fin.
Yo lo sabía desde pequeño, pero el tipo iba para Armenia, Qindio.
ResponderEliminarla segunda vez respondió:
- Pa Armenia o pal charco.