jueves, 14 de julio de 2016

TÚ ERES MI PRÓJIMO



Hola, un saludo. En esta décima sexta semana del T.O., tú y yo, que estamos aprendiendo de Jesús, nos ‘topamos’ con la parábola del buen samaritano.

Bueno, tú y yo sabemos que Jesús es la palabra de Dios encarnada, pero eso es casi un ‘secreto’ porque el doctor de la ley no lo sabe; y nos dice Lucas, Cfr. Lc 10, 25-37, que ese personaje queriendo ‘corchar’ a Jesús, ponerlo a prueba, le pregunta: Maestro, ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Y, mira cómo es la pedagogía de Jesús, lo pone a responder a él mismo. Muy bien, le dice Jesús. Pero ese docto hombre, para justificarse ante Jesús, le lanza una segunda pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?” y nos sale Jesús con esa parábola.

Y, tú y yo que somos gentes de este tiempo, nos quedamos perplejos, ya que sí los samaritanos y los judíos son cómo el agua y el aceite, las gentes fuera del entorno en que nos movemos, las podríamos considerar por lo menos sospechosas: ¿Qué tal que nos toque compartir lo nuestro con ellos?, y nos afanaríamos, como se ha afanado el Reino Unido, con del ‘Brexit’.

Pero, Jesús nos invita a algo que está un poquito más allá: a no dar rodeos, a no evadir al necesitado, a restañar las heridas con su vino y con su aceite, a obrar con misericordia.

La misericordia es la invitación que nos hace Jesús, a darnos cuenta que el otro, también, tiene que ver con nosotros. Su necesidad clama  y el Espíritu Santo que habita en el corazón del necesitado gime, con gemidos inefables intercediendo por él, Cfr. Rm 8, 26-27; solamente lo podríamos escuchar, si consideramos, tú y yo, que en este mundo somos las manos y los pies de Jesús que va en busca del necesitado. Te invito a repasar esa lectura en ésta semana.
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