En
los tiempos de andar a pie, iba un curita en compañía de su sacristán a visitar
al hacendado que le había prometido regalarle una ternerita.
Para
acortar camino y que no le cogiera la noche, el curita resolvió atravesar una
manga. Y sucedió, que el hacendado tenía una vaca ‘cachi-torcida’, malgeniada y
mañosa; no había portillo que la atajara. Ese día, precisamente, se había
escapado del corral y andaba pastando en esa manga.
La
vaca que se sentía como una reina, todo un ‘potrero’ para ella sola, apenas divisó
a los caminantes meneó la cabeza y arrancó a correr hacia ellos. Y mira lo que
hizo cada uno:
·
El curita.
Se remangó la sotana y corrió para huir de la ‘bestia’.
·
El
sacristán. Se arrodilló e imploró la ayuda del cielo.
A
lo que el curita, que bien lo conocía, le gritó: ‘atenete’ a tus oraciones y no ‘corrás’. Fin.
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