jueves, 14 de julio de 2016

LA CISTERNA Y SALAMINA


En los tiempos de andar a pie, iba un comerciante hacia la población de Salamina, y en la mitad del camino divisó un hombre,  que de lejos le pareció conocido, pero no acertó en a dar quien era. Ya ‘de cerca’, pudo apreciar que por su ‘pinta’ y el desgaste de sus ‘alpargatas’ era un viajero de esos que recorrían todos los caminos.

El hombre fue el primero en hablar y saludándolo muy cortésmente le preguntó:

-   “Dígame, buen hombre ¿a dónde va?”

El comerciante, sin mosquearse a ser  cortés, le contestó:

-    “A Salamina”.

El viajero sigue con su pregunta:

-    “¿Si Dios quiere?”

Y el comerciante sin parpadear responde:

-   “Y si no, también”.

El viajero que era el Señor en persona, lo convierte en un sapo y lo tira a una cisterna del camino, para que reflexione y aprenda a discernir. Al cabo de “sin cuenta años”, lo saca, lo pone en  el camino a Salamina y más adelante se encuentra con el comerciante y le vuelve a hacer las mismas preguntas. Y mira lo que respondió:

·       1. “A Salamina”.

·       2. “O sino a la cisterna”.

El Señor lo convirtió de nuevo en sapo, lo tiró a la cisterna y cada “sin cuenta años” lo saca le hace las preguntas y el ‘terco’ comerciante insiste en la 2 (dos). Fin.


1 comentario:

  1. Yo lo sabía desde pequeño, pero el tipo iba para Armenia, Qindio.
    la segunda vez respondió:

    - Pa Armenia o pal charco.

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