Hola, en la meditación sobre el
perdón, tú y yo, hemos visto como en la vida
de la Iglesia está actuando siempre el Espíritu Santo. Y ella que es madre y
maestra, nos invita hoy en la palabra a no esperar signos extraordinarios para
creer, para tener fe. Mateo nos dice, Cfr Mt 12,38-42, que los judíos, como los
llama Juan, le piden a Jesús un signo extraordinario. Y tú y yo recordamos, mirando la historia de Israel que eso,
realmente, no transforma la vida, no lleva a lo que Dios quiere de nosotros:
‘ser misericordiosos’. También podríamos mirar que la palabra de Dios es la
guía, que, afortunadamente, nos podemos acercar a ella fácilmente por este
medio.
Retomando la idea sobre la historia
de Israel, tú y yo, podemos recordar que en
Jerusalén los sacerdotes del templo, antes de ser deportados al reino de Babilonia,
escondieron en el templo los libros de la ley; libros que solamente pudieron
ser hallados, muchos años más tarde, durante la reconstrucción de templo y que convocado
el pueblo leyó el sacerdote Esdras. Cfr. Nehemías 8,2. 8-9.
Y
tú y yo metidos, inmersos en un mundo secularizado, podemos ver,
podemos apreciar que sin la guía del Espíritu Santo, de la Palabra, seríamos
cómo dicen los evangelistas, Cfr. Mt 9,36 y Mc 6,34 “ovejas sin pastor”.
Te
invito a que tú y yo meditemos sobre la enseñanza que nos trae el evangelio de
Mateo.
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