lunes, 18 de julio de 2016

LA LEY Y LOS MILAGROS


Hola, en la meditación sobre el perdón, tú y yo, hemos visto como en la vida de la Iglesia está actuando siempre el Espíritu Santo. Y ella que es madre y maestra, nos invita hoy en la palabra a no esperar signos extraordinarios para creer, para tener fe. Mateo nos dice, Cfr Mt 12,38-42, que los judíos, como los llama Juan, le piden a Jesús un signo extraordinario. Y tú y yo recordamos, mirando la historia de Israel que eso, realmente, no transforma la vida, no lleva a lo que Dios quiere de nosotros: ‘ser misericordiosos’. También podríamos mirar que la palabra de Dios es la guía, que, afortunadamente, nos podemos acercar a ella fácilmente por este medio.

Retomando la idea sobre la historia de Israel,  tú y yo, podemos recordar que en Jerusalén los sacerdotes del templo,  antes de ser deportados al reino de Babilonia, escondieron en el templo los libros de la ley; libros que solamente pudieron ser hallados, muchos años más tarde,  durante la reconstrucción de templo y que convocado el pueblo leyó  el sacerdote Esdras.  Cfr. Nehemías 8,2. 8-9.

Y tú y yo metidos, inmersos  en un mundo secularizado, podemos ver, podemos apreciar que sin la guía del Espíritu Santo, de la Palabra, seríamos cómo dicen los evangelistas, Cfr. Mt 9,36 y Mc 6,34  “ovejas sin pastor”.

Te invito a que tú y yo meditemos sobre la enseñanza que nos trae el evangelio de Mateo.
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