Tú y yo, que queremos profundizar en el conocimiento
de la misericordia, y que nos dejamos
guiar por la Iglesia, madre y maestra,
miramos con cariño lo que al respeto trae la bula “MISERICORDIAE VULTUS”;
el Papa Francisco toma las palabras del profeta Miqueas cuando exclama: Mq 7,
18: Tú, Señor, eres un Dios
que cancela la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu
cólera, pues amas la misericordia. Partimos, tú
y yo, pues, de un Dios amoroso que conociendo la fragilidad humana nos
promete salvación y nos cumple; Cfr. Gl 4,4-5: “Pero
cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer,
nacido bajo la ley, para liberarnos del dominio de la ley y hacer que
recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios”. Y mientras llegaba
“la plenitud del tiempo”, Dios nos consolaba a través de sus profetas. Miqueas continúa
diciéndonos: Mq 7,19: Tú,
Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo.
Destruirás nuestras culpas y arrogarás en el fondo del mar nuestros pecados. Llega Jesús y con Él su
enseñanza: Dios es un padre amoroso que ama infinitamente; y Tú y yo, que queremos sentirnos amados, consolados,
tenemos, de nuevo, la guía de nuestra madre la Iglesia, y precisamente, en este
año del “Jubileo de la Misericordia”, la Iglesia nos trae una consolación
adicional: el perdón de la “pena temporal” y además les hace una invitación a
sus sacerdotes para que cuando tú y yo, frente
al sacramento de la reconciliación, encontremos en el sacerdote un hermano que nos
comprende. Así, recomienda el Papa Francisco a sus confesores: MV 17:
Nunca me cansaré de
insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del
Padre. Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos
hacemos nosotros penitentes en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser
confesores significa participar de la misma misión de Jesús y ser signo
concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva.
Y a ti y a mí que nos
encanta invocar la presencia del Espíritu Santo, te invito a que repitas
conmigo:
Espíritu Santo,
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
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