miércoles, 20 de julio de 2016

LA PÁGINA EN BLANCO DEL PERDÓN II


Tú y yo, que queremos profundizar en el conocimiento de la misericordia, y que  nos dejamos guiar por la Iglesia, madre y maestra,  miramos con cariño lo que al respeto trae la bula “MISERICORDIAE VULTUS”; el Papa Francisco toma las palabras del profeta Miqueas cuando exclama: Mq 7, 18: Tú, Señor, eres un Dios que cancela la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Partimos, tú y yo, pues, de un Dios amoroso  que conociendo la fragilidad humana nos promete  salvación y nos cumple; Cfr. Gl 4,4-5: “Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para liberarnos del dominio de la ley y hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios”. Y mientras llegaba “la plenitud del tiempo”, Dios nos consolaba a través de sus profetas. Miqueas continúa diciéndonos: Mq 7,19: Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrogarás en el fondo del mar nuestros  pecados. Llega Jesús y con Él su enseñanza: Dios es un padre amoroso que ama infinitamente; y Tú y yo, que queremos sentirnos amados, consolados, tenemos, de nuevo, la guía de nuestra madre la Iglesia, y precisamente, en este año del “Jubileo de la Misericordia”, la Iglesia nos trae una consolación adicional: el perdón de la “pena temporal” y además les hace una invitación a sus sacerdotes para que cuando tú y yo, frente al sacramento de la reconciliación, encontremos en el sacerdote un hermano que nos comprende. Así, recomienda el Papa Francisco a sus confesores: MV 17: Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre. Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros penitentes en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser confesores significa participar de la misma misión de Jesús y ser signo concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva. 

Y a ti y a  que nos encanta invocar la presencia del Espíritu Santo, te invito a que repitas conmigo:

  Espíritu Santo,
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.




     

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