¡Vacacioooooes!, de mañana
llegaron Susana y las muchachas y la casa cambió. Pronto nos iremos de paseo, y no me digan que ‘nos’
es mucha gente porque me ‘late’ que dentro de los preparativos está incluido,
lo que yo necesito para sentirme cómodo. Susana y ‘Mija’ se fueron de compras y
qué ‘maleta’ más pesada trajeron; Así que, Rosario tuvo que salir y ayudarlas con
los paquetes. Y yo emocionado, pero creo que todavía no es el viaje.
Bueno, otro cuento es que
con Susana llegó el verano y, naturalmente, yo aprovecho: por la tarde mientras
ella cose la lencería de llevar, un sol
esplendoroso invade todo mi cuarto, corro donde Rosario y le pido: “pronto,
coloca mi tina arriba y al sol”, quiero darme un baño. Y cuando ya casi tirito de frio alguien dice: “ya
está bien” y se me acaba la fiesta.
Hoy, si nos vamos. Papito
está revisando la bodega de la camioneta. Las cosas deben de ir en orden:
maletas, mercado, medicinas, encargos delicados y sobre todas esas cosas
yo. Arriba donde pueda divisar bien el
paisaje.
Papito maneja con tanto
cuidado que no se siente el viaje. Y cuando
llegamos otra vez es la libertad; primero que todo tengo que reconocer mis
nuevos espacios, los olores: por ahí me huele raro, es el rastro dejado por
Filomena, la que tiene cinco patas o mejor cuatro y esa cola con la que, la muy
taimada, va reconociendo las cosas. Disgustada conmigo se va, ¿o será que no la
dejan entrar donde yo estoy?
Por la noche comparto mi
nuevo cuarto con las niñas, pero me espera una sorpresa: Susana tejió para mí
una cobijita, es hermosa y huele un poco a las mantas de la siesta de papito:
pura lana y me siento como en casa y duermo como el sol. Fin.
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