Hola, bienvenidos. Me encanta que te llame la atención el título de mi blog, ya que me propongo cada semana compartir contigo mis reflexiones. Cómo me gustaría que esta página fuera un diálogo, en donde tú y yo nos escuchemos y aprendamos.
Cómo
te parece que en ésta semana,(décima segunda del T.O.) en una homilía de mi
parroquia, escuché algo que me llamó la atención:
¡Algo
que “resume” cómo es la misericordia de Dios!
Cf. Mt 8, 5-17”Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras
enfermedades”.
A mí me parece que éste tiempo, la PALABRA me
hace un llamado a comportarme diferente. Desde el
evangelio del domingo hasta hoy puedo observar
que Jesús me hace una invitación a
mirar y a comportarme con el otro con misericordia.
Jesús es muy radical, para nada neutral. Mira
como siempre está de parte del otro: del necesitado, del enfermo, del
desorientado, del pobre, del que le sigue la corriente al mundo.
·
Para el que le sigue la corriente al mundo me da la
solución: “No juzguen y no los juzgaran” La Iglesia en cabeza del Papa
Francisco dice: “quién soy yo para juzgar al otro.”
·
Del enfermo: no importa el rango social que tenga, Jesús
siempre actúa: esta semana con el criado del centurión, pero también, con la
suegra de Pedro. El centurión reconoce que Jesús está por encima de todos e
implora misericordia. Continuamente las homilías me dicen “somos instrumentos
de la misericordia de Dios.
·
Del desorientado: en el segundo
libro de los Reyes (Cf. 2Ry 17, 13-15)vemos cómo fue que los Israelitas, dejándose
influir por su entorno, cayeron en la desobediencia. Seguir el comportamiento
de “todos” no es lo que Jesús pide; Él hace un llamado a entrar por la puerta
estrecha. Y cómo Jesús es radical no sólo nos enseña que la puerta es estrecha
sino que el camino es angosto.
·
Del necesitado:
Sentir compasión por las necesidades y angustias del otro. Una palabra dentro de nuestro entorno es “pobrecito” y me
siento como “un árbol que no da buenos frutos”; ya que la invitación de Jesús
es a producir frutos de amor: hacerle bien al otro, ayudarlo.
En este camino, tú y yo podemos darnos
cuenta que la Iglesia, madre y maestra, invoca sobre nosotros al Espíritu Santo
quien nos regala con su gracia para que demos buenos frutos; además el Espíritu
nos consuela con el don
de la fe, la esperanza y el amor.
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