jueves, 23 de junio de 2016

UN VIAJE A LOS RINCONES DE LA MEMORIA.

RECORDAR PARA FLUIR

Cómo creo que tanto a ti como a mí nos encantan la literatura: relatos, cuentos, poesía, leyendas y mitos, novelas;  te invito a leer en este espacio algunos relatos del viaje de la vida.

EL REY DEL COMPÁS
En los años de adolescencia, cuando todavía me encantaba los cuentos de “miedo y espantos” que escuchaba en la radio, no me gustaba para nada la idea de quedar sola unas pocas horas en casa. Consideraba que podría ocurrir algo fuera de lo normal, algo extraordinario, y me refugiaba en mi cuarto. Si era de noche me metía en cama bajo “siete” cobijas y dejaba una lamparita encendida. Sin embargo no podía luchar contra la magia de la soledad y el silencio: el viento estrujaba con inaudita violencia las láminas de zinc del alto “parapeto” que daba un poco de privacidad con la vivienda “espejo” de la casa vecina; por el tejado andaban los gatos u otras “bestias” con pasos de gigante; y el reloj madrugador en vez de marcar los minutos con su tic tac, se inventaba melodías inéditas y acompasadas. Entonces, detenía un poco la respiración y… esperaba intrigada que más podría suceder; Y cómo por arte de magia, llegaba al  rescate de mi entereza la música  de D’Arienzo: tangos y milongas con sus bandoneones, violines y piano, y esa cadencia que me permitía ir metiéndome dentro de ella y calmar mi ansiedad y miedos; y dentro de la música, como un instrumento concertino, la voz del cantante. La preciosa voz reproducía términos que los entendía como los desamores o las nostalgias y melancolías que se viven por la ausencia de lo añorado. Algo que  parecía imposible eludir en la vida; sin embargo, pensaba, que podrían ser una enseñanza en “cabeza ajena”, ya que por lo regular sus letras se referían a una deslealtad del corazón. También creía que enamorarse conllevaba de por si un sufrimiento: Petrarca, se decía, era el inventor del amor en la literatura; enamorado de Laura, o de lo que Laura hubiese podido ser, pues ya no existía, cantó a los sufrimientos que en su alma produjo ese amor. Pero lo que se llevaba la palma, eran los amores de Don Quijote de la Mancha, ese si era un amor loco ya que sublimizaba a una campesina, vista una sola vez, elevándola a alta señora y pretendiendo que todos la vieran con sus ojos. Entonces, en esa época de adolescente, venía al rescate de mi sensatez dos instrumentos poderosos: la letra de los tangos y milongas  que consideraba una enseñanza y la literatura, desde la preciosa lectura de Gora la novela de Rabindranath Tagore; El Cardenal de Henry Morton Robison; hasta los cuentos costumbristas de Tomás Carrasquilla. Hoy, me sigue gustando la música argentina, sobre todo la del Maestro A. Piazzolla; y conserva un encanto especial en mi corazón, la que se escuchaba en mi región y que se volvió parte de nuestra cultura paisa.

Bogotá, mayo de 2016

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