Creo
que tú y yo nos estamos percatando cómo el
profeta Oseas, en una forma deliciosa, nos va integrando con el mensaje que
Dios nos quiere transmitir. Primero nos encanta y nos halaga el oído y cuando
ya nos tiene cogidos, sin forma de soltarnos, nos coloca ‘los puntos sobre las
íes: mira que tú has estado haciendo lo que se te antoja: “eliges gobernantes
sin mirar mí aprobación; te creas dioses para tu perdición”; y al final
siembras vientos para cosechar tempestades. Al volver la mirada, tú y yo, notamos que esos dioses no tienen nada
que ver con nosotros: no pueden escuchar nuestros ruegos; no pueden apiadarse
de nuestros pesares y dolencias, repito: no tienen nada que ver con
nosotros. Pero si tienen algo para nosotros, volvernos a Egipto. Y tú y yo sabemos que Egipto es sinónimo de
esclavitud.
Si
reflexionamos un poco en esa palabra, podríamos pensar que esos dioses, que nos
hemos venido fabricando, pronto nos esclavizan. Y creo que tu corazón, tanto
como el mío, anhela, profundamente, ser libre; y además de ser libre contar con
un Dios presente; con un Dios con nosotros; con un Emmanuel y eso es
precisamente lo que el evangelio de san Mateo nos trae, Cfr. Mt 9, 35-38, a
Jesús compadeciéndose de nosotros: enseñándonos, curándonos de nuestras
enfermedades; un Jesús, que además, nos hace un llamado a ser misioneros: “ La
mies es abundante, pero los obreros son pocos; rueguen, pues, al Señor de la
mies que mande trabajadores a su mies”.Para ver otro evangelio haz clic aquì
No hay comentarios:
Publicar un comentario