sábado, 16 de julio de 2016

EL BORRACHO


En los tiempos de andar a pie, llegaron dos hombres un poco retrasados al mercado de un pueblo; un domingo, un día después; ya que en esa población el mercado tenía lugar “los sábados de la Virgen”. ‘Varados’ y sin nada que hacer, se pusieron a recorrer el pueblo y al pasar en frente del cementerio vieron que arriba de la tapia asomaban las ramas de un ‘palo’ de aguacate. Y ¡maravilla! cargadito de aguacates. Y ambos pensaron y dijeron lo mismo: “aquí está nuestro desvare, esta noche vendremos a tumbar aguacates”.

Como era domingo, Estanislao, el borracho carpintero del pueblo, estaba buscando donde le vendieran unos “traguitos”, y nada. Nadie quería volver a fiarle; no por ‘mala paga’ si no porque con los primeros “aguardienticos” quedaba “enlagunado” y nunca se acordaba a quien le debía dinero. Pero como “mi Dios cuida de sus borrachitos”, “Talao” se acordó que Deborita, que tenía fama de loca para todo, menos para el aguardiente. Poseía un alambique,  donde destilaba un ”tapetusa” de sabor a gloria. Y ni corto ni perezoso, se encaminó a su casa, que quedaba un poco más allá del cementerio.

La noche de ese domingo coincidió con él último día de menguante, y por tanto, en el firmamento solo titilaban las estrellas. “Talao”, tomó de regreso el camino que pasaba por el cementerio, con su caminadito de ebrio, que lo obligaba a apoyarse en las paredes para poder avanzar, y cuando pasaba debajo del árbol de aguacate, esto fue lo que oyó:

·       Uno para usted y otro para mí; uno para usted y otro para mí… uno para usted y otro para mí…

A “Talao” se le pasó la borrachera y llegó a su casa y lo primero que dijo fue:

·       ‘Mija’, en el cementerio están Dios y el diablo repartiéndose las almas… y se desmayó. Fin.

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1 comentario:

  1. Buensisimo, ya lo comparti con mi hermano y Ruth mi vecina, me encantaria que compartas este enlace en mi red social.

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