En
los tiempos de andar a pie, llegaron dos hombres un poco retrasados al mercado
de un pueblo; un domingo, un día después; ya que en esa población el mercado
tenía lugar “los sábados de la Virgen”. ‘Varados’ y sin nada que hacer, se
pusieron a recorrer el pueblo y al pasar en frente del cementerio vieron que
arriba de la tapia asomaban las ramas de un ‘palo’ de aguacate. Y ¡maravilla!
cargadito de aguacates. Y ambos pensaron y dijeron lo mismo: “aquí está nuestro
desvare, esta noche vendremos a tumbar aguacates”.
Como
era domingo, Estanislao, el borracho carpintero del pueblo, estaba buscando
donde le vendieran unos “traguitos”, y nada. Nadie quería volver a fiarle; no
por ‘mala paga’ si no porque con los primeros “aguardienticos” quedaba “enlagunado”
y nunca se acordaba a quien le debía dinero. Pero como “mi Dios cuida de sus
borrachitos”, “Talao” se acordó que Deborita, que tenía fama de loca para todo,
menos para el aguardiente. Poseía un alambique, donde destilaba un ”tapetusa” de sabor a
gloria. Y ni corto ni perezoso, se encaminó a su casa, que quedaba un poco más
allá del cementerio.
La
noche de ese domingo coincidió con él último día de menguante, y por tanto, en
el firmamento solo titilaban las estrellas. “Talao”, tomó de regreso el camino
que pasaba por el cementerio, con su caminadito de ebrio, que lo obligaba a
apoyarse en las paredes para poder avanzar, y cuando pasaba debajo del árbol de
aguacate, esto fue lo que oyó:
·
Uno para
usted y otro para mí; uno para usted y otro para mí… uno para usted y otro para
mí…
A
“Talao” se le pasó la borrachera y llegó a su casa y lo primero que dijo fue:
·
‘Mija’, en
el cementerio están Dios y el diablo repartiéndose las almas… y se desmayó.
Fin.
Para ver otro chist haga clic
Para ver otro chist haga clic
Buensisimo, ya lo comparti con mi hermano y Ruth mi vecina, me encantaria que compartas este enlace en mi red social.
ResponderEliminar